viernes, 11 de abril de 2008

LECTURA DE DIFERENTES TEXTOS

Sin título. Fotografía por Gárgolo, Versalles, 2004.


Tomado de: CASTAÑEDA, Luz Stella y José Ignacio HENAO. La lectura en la Universidad. Medellín: Caminos, Ed. U. de Antioquia, 1995, p. 21-27.
[Texto propuesto por la profesora Leonor Avilés Arenas].


El texto político (argumentativo), el científico y el literario deben tomarse como tres derroteros para diferenciar y analizar. Aunque ellos son representativos de algunos tipos de discurso, no trabajamos aquí una tipología completa de éstos.

Un lector, sólo por su experiencia, puede inferir que hay diferentes tipos de textos; seguramente han pasado por sus manos artículos de carácter informativo, argumentativo, narrativo, científico y otros; posiblemente haya encontrado textos científicos en documentos, libros e informes de investigación; además, habrá leído escritos literarios como novelas, cuentos y poesías.

Cada tipo de texto exige del lector una manera determinada de abordarlo, porque la estructura, el lenguaje y el propósito son diferentes. En términos generales, el texto científico se caracteriza por su rigurosidad y precisión, el político y afines por su carga de connotaciones y el literario por su plurisignificación y por su valor estético.

Para explicar la lectura de los diferentes tipos de discursos nos apoyamos, básicamente, en el trabajo de García Alzola quien, a partir del análisis de un escrito científico, uno político y uno literario nos indica cómo funcionan en cada uno de ellos los significados literal, implícito y complementario.

El primer texto que analiza el autor es matemático, un teorema, y concluye que para la verdadera lectura de un escrito de esta naturaleza es imprescindible conocer previamente todos los términos utilizados. Si la demostración se apoya en gráficas, hay que saberlas interpretar y, además, saber leer los símbolos específicos de cada disciplina, por ejemplo, los signos matemáticos. La lectura completa del discurso incluye la integración de la información que contienen las palabras, las gráficas y los signos no lingüísticos. Para la comprensión de un texto científico son básicos el sentido literal y el complementario. Así es necesario entender el sentido preciso de los términos, de las gráficas y de los símbolos, todo lo cual es compresión de lo denotativo; además, es un requisito poseer una serie de información complementaria sobre el tema, que nos sirva para entender a cabalidad el escrito. Sólo si el lector hace, por ejemplo, demostraciones, desempeñaría un papel importante la inferencia. Aquí la inferencia se toma solamente en el sentido de sacar conclusiones, porque el discurso científico se caracteriza por la claridad y por la precisión de sus significados; no tiene cabida en él el significado implícito.

En relación con el discurso matemático García Alzola dice: Llamamos la atención sobre la extrema claridad del lenguaje matemático, bien use las palabras corrientes del idioma, bien la forma particular abreviada de notación, bien símbolos especiales o la representación gráfica. Todo es inconfundible. Usando una metáfora pudiéramos decir que las palabras son transparentes, sirven sólo de puente para que pensemos en los conceptos que ellas expresan, no tienen un valor en sí, no son bellas ni ambiguas, ni sonoras, ni pretenden emocionar, expresar matices sutiles ni otra cosa más que la comunicación más fiel de una verdad [1].

La dificultad para comprender los textos científicos radica más en la falta de conocimientos previos y de habilidades para leer, es decir, de bases para complementar e interpretar la información, que en la complejidad o ambigüedad de los términos. Dentro de los conocimientos previos se incluye el manejo apropiado de los términos técnicos de la disciplina a la cual pertenece el escrito.

Sobre la lectura del texto político, García Alzola dice que, aunque se ajusta al esquema de Gray sobre los tres tipos de significados, exige un mecanismo de comprensión muy diferente al del escrito científico. Considera que la compresión de un texto histórico o político es más compleja que la comprensión de un texto de física, de matemática, de biología u otro de naturaleza semejante, porque los textos de tipo político e histórico utilizan conceptos de significación menos consolidada y de difícil definición. En este tipo de discursos, muchas veces, un término toma significados diferentes, aun dentro del mismo escrito.

El lector de este último tipo de escritos necesita integrar los diferentes conceptos que se manejan y captar el sentido que en ese contexto particular adquieren las palabras. El grado de compresión de un escrito político, histórico, o de otro de estructura parecida, se logra a través de la integración de los tres tipos de significados: el literal, que es muy importante porque sirve de puente para captar todo el significado connotativo; el complementario, que permite, a partir de todos los conocimientos previos que se posean sobre el tema, entenderlo de una manera más profunda y detallada; además, en este tipo de escritos desempeña un papel muy importante el significado implícito, porque las ideas no se expresan siempre de manera clara y nítida sino que gran parte de la información se sugiere, para que el lector, a través de la captación de las connotaciones, asigne al texto su verdadero sentido. Por estas razones, para un elevado número de personas, los textos más difíciles de leer son aquellos que poseen gran carga de significado implícito, porque la comprensión depende de la formación intelectual del lector y de su habilidad para identificar claves y para asociar e inferir información.

La lectura de este tipo de escritos no es igual para todos los lectores, porque cuando cada uno se acerca al texto ya tiene un cúmulo de conocimientos y una serie de intereses ideológicos, políticos y culturales que lo predisponen para leer desde su visión; porque busca respuestas para sus propios interrogantes y coloca barreras frente a las ideas que no comparte.

A continuación presentamos una serie de elementos generales para la lectura del texto literario. Estos elementos se dirigen al lector corriente, es decir, aquel que se acerca al texto con la intención de conocerlo y de disfrutarlo, pero sin la necesidad de realizar una lectura especializada con el fin de hacer un análisis profundo, para lo cual se requiere una formación en teoría literaria y métodos de análisis.

En los textos literarios se recrea la realidad y el lenguaje cumple una función estética. Las palabras tienen valor no sólo por su contenido sino por el lugar que ocupan en el texto, por la sonoridad y por la multiplicidad de sentidos que evocan. García Alzola, al analizar un poema de Nicolás Guillén, dedicado a García Lorca, dice que cuando nos enfrentamos a la lectura de poemas el esquema de Gray no se cumple en su totalidad, porque: La poesía en general, juega con las palabras, dentro de límites casi imprecisables. Las palabras no son transparentes, puros símbolos, puentes entre el pensamiento y la expresión, como en el texto matemático. Aquí las palabras pueden tener un contenido conceptual inesperado, hasta absurdo, pero además valen por sí mismas, por su sonido -si se pronuncian- tienen algo corpóreo que obliga a reparar en ellas [2].

Con respecto al texto poético, Víctor Manuel de Aguiar E. Silva considera que el lenguaje cotidiano está ligado al contexto extraverbal, en cambio, en el lenguaje literario este contexto y la situación dependen del lenguaje mismo, porque en el texto literario se crea una realidad ficticia, es decir, una realidad propia. Afirma que: "El lenguaje literario puede ser explicado pero no verificado. Este lenguaje constituye un discurso contextualmente cerrado y sistemáticamente orgánico que instituye una verdad propia" [3].

Sin embargo, este autor reconoce que entre la creación literaria y el mundo real existen vínculos, porque este ultimo es el punto de partida para la primera, lo cual no se trata de una deformación de la realidad, sino de la invención de una realidad nueva. El lenguaje literario no se agota en su contenido porque presenta informaciones rodeadas e impregnadas de elementos emotivos y volitivos. "Vocablos como celos, muerte, esclavo, libertad, etc., tienen un núcleo informativo saturado de connotaciones"[4].

Dicho lenguaje es connotativo y polivalente, portador de varios significados, por lo cual se define como plurisignificativo; se interpreta de múltiples maneras de acuerdo con la experiencia y con la formación del lector, con la época en que se produjo y en la que se lee; con la sociedad, la cultura, la historia y con todos los factores que intervienen en el proceso de decodificación del texto escrito. En estos textos la participación del lector es decisiva, porque le asigna sentidos, que muchas veces ni siquiera el autor había vislumbrado. Cuando el autor entrega el texto, éste adquiere tal autonomía que necesita contar con la complicidad del lector para llenarse de sentido.

Por las razones ya expuestas, en la lectura de textos literarios priman los significados implícitos y complementarios. El literal es básico porque muchas palabras y fragmentos conservan su significado denotativo, y porque a partir de éste inferimos y complementamos, es decir, logramos que el texto adquiera sus múltiples sentidos.

A manera de conclusión queremos citar la síntesis de Ernesto García Alzola sobre la lectura de diferentes textos:

1. Para la comprensión cabal de un texto es imprescindible el conocimiento de todas sus palabras y símbolos especiales.
2. La comprensión de un texto no es la suma sino la integración de las más salientes unidades de sentido.
3. El sentido total es un complejo semántico que se forma de lo explícitamente expresado, lo conocido por el lector y lo inferido, más, en ciertos textos, una carga emocional significativa.
4. Las primeras líneas de un texto nos indican qué actitud debemos adoptar para comprenderlo
[5].

Creemos que las reflexiones anteriores sobre la importancia de la lectura y el desarrollo de elementos teóricos y metodológicos son útiles porque motivan al lector y le ofrecen alternativas para abordar e interpretar los diferentes escritos. Sin embargo, consideramos que para desarrollar la habilidad para leer es fundamental formar hábitos de lectura. Se necesita trabajar con disciplina, aprender a amar la lectura, incorporarla a nuestro quehacer cotidiano, porque a leer se aprende leyendo y releyendo; en este caso, la práctica es insustituible.

Referencias:

[1] GARCÍA ALZOLA, Ernesto. Lengua y Literatura. La Habana: Pueblo y Educación, 1975, p. 109.
[2] Ibíd., 112.
[3] DE AGUIAR E SILVA, Víctor Manuel. Teoría de la literatura. Madrid, Gráficas Cóndor, 1975. p. 17
[4] Ibíd., 18-19.
[5] GARCÍA ALZOLA, op. cit., p. 113-114.